Mapa de la corteza “social” fisiologia del cerebro social.
Consideración epistemológica:
Antes de avanzar en el tema, quiero dejar claro que estos conocimientos tienen la relatividad epistemológica de quien observa desde una perspectiva macrofísica, en la que todos los objetos y fenómenos de los cuales vamos hablar tienen una magnitud que se sitúa respecto a la escala humana; o sea, que no bajamos a la microfísica y a todo lo que ello supone. Vamos hacer un esfuerzo de creencia y dar validez a estos datos por lo menos como susceptibles de ser analizados.
De la misma forma que podemos hablar de un mapa de la corteza visual, auditiva o, hablando de una forma generalizada, de un mapa de los datos sensoriales, vamos intentar hablar de un mapa de la corteza social: dibujar un mapa señalando dónde se producen los distintos comportamientos sociales.
Podemos detectar deficiencias en el comportamiento social resultantes de daños en el ventrículo medio, cuyas paredes laterales las forman el tálamo e hipotálamo.
Ventrículo medio de la región la corteza prefrontal [Zona de Brodmann: área occipital y pre-occipital de la corteza cerebral (BA) 25, las menores 24, 32, y el aspecto de 11, 12 y 10].
Imágenes de la Zona de Brodmann y leyenda significativa:

1, 2 y 3 Áreas Somestésicas o Áreas de la Sensibilidad General
4 Área Motora Voluntaria
5 y 7 Área Psicosomestésica (Área sensitiva Secundaria)
6 Área Motora Suplementaria o Premotora
9, 10, 11 y 12 Área Prefrontal (Asociación Terciaria)
17 Área Visual
18 y 19 Área Psicovisual
22 Área Psicoauditiva
39 y 40 Área del Esquema Corporal (Asociación Terciaria)
41 y 42 Área Auditiva
43 Área del Gusto
44 y 45 Área de Broca
23, 24, 29, 30, 35, 28 Área Límbica
El individuo que estaba adaptado socialmente, al tener dañada esta zona, se le puede observar una falta de adaptación y dificultad en decidir sobre sus relaciones interpersonales. Se ve su capacidad para expresar emociones y sentimientos y la incapacidad de experimentar una relación social adecuada en algunos momentos, generando choques sociales inter individuo en sociedad.
Estas dificultades, juntamente con la capacidad del habla, la capacidad de comunicar, resultan en un comportamiento social caótico, y una respuesta emocional no de acuerdo con sus comportamientos anteriores.
Se pueden verificar pérdidas de memoria social (de reglas de comportamiento social), generando así la producción de emociones atípicas, con respuestas distintas a las que el individuo presentaba anteriormente.
En la toma de decisiones, las distintas categorías de valores y los registros de acontecimientos anteriores (memoria de trabajo), que incluyen varios procesos (Baddeley, 1992) han cambiado o están ausentes. Sin embargo, se puede constatar que se mantienen activos reflejos de procesos de representación de la memoria durante un período de prueba, lo que implica el retraso dorso-lateral del sector de la corteza pre-frontal (Fuster, 1997).
Podemos verificar que las estructuras que efectúan y median la respuesta emocional se encuentran en el tronco encefálico, mientras que las representaciones neuronales de los sentimientos, generados por la participación o aislamiento social, son generados en la zona que rodea los cortes parietales, y la cingulada (Damasio, 1994).
Así, el habla y la toma de decisiones dependen de los sistemas de memoria, emoción y sentimiento. Los daños en estos sistemas comprometen la memoria socio-emocional y dañan la capacidad para tomar decisiones, de acuerdo con estadios anteriores en que las zonas referidas no estaban dañadas.
La región VM es el enlace de todos estos sistemas, y por lo tanto, cuando hay daños, podemos verificar perturbaciones en el funcionamiento social. Sin embargo, el proceso cognitivo implícito en lo social es extremadamente diverso y complejo, y se sabe muy poco sobre sus sustratos neuronales.
Utilizando la resonancia magnética funcional, como herramienta diagnóstica, se identifican los sistemas neurales implicados en el tratamiento de los datos, resultantes de las transgresiones de las normas sociales.
En el experimento, a los sujetos se les pidió que imaginaran lo que sentirían si estuvieran en situaciones concretas:
-Una situación social normal, por ejemplo, atragantamiento durante una cena social.
-Una violación intencional de las normas sociales, por ejemplo, escupir voluntariamente la comida en un plato durante una cena social.
Para cada historia imaginada se propusieron dos situaciones: una en la que el sujeto describe los acontecimientos, cuando el actor es otro, y otra en la que él es el actor y los describe.
Presumiblemente, no hubo diferencias entre el análisis como actor y el análisis como espectador, por lo que los datos de las dos situaciones son distintos. La diferencia en la actividad cerebral, en un caso fue no intencional y en el otro intencional. En uno hay una violación de las normas sociales no intencional, y en el otro esta violación de las normas es intencional. A excepción de ligeras diferencias (por ejemplo, BA 21), la activación de las zonas cerebrales implicadas en los actos intencionales y no intencionales fue, en general, muy similar.
Sorprendentemente, el aumento de la actividad no se observó en la región ventricular media, pero sí se observó a nivel bilateral en una zona más dorsal de la región de la corteza prefrontal medial (la media de los aspectos BA 6, 8 y 9), y a la vez en las zonas BA 38. Ambas regiones se solapan con las zonas dedicadas a la Teoría de la Mente, es decir, a la representación de los estados mentales de los demás. Sin embargo, estas regiones también son conocidas por desempeñar funciones en los mecanismos de la memoria, la emoción y la toma de decisiones. De ahí surge la pregunta:
La tramitación de las transgresiones a las normas y otros mecanismos, que recurren a la cognición social especializada para los procesos neuronales de información social, ¿dependen de mecanismos conocidos de la memoria, de la emoción, de la decisión y otras funciones básicas?
De hecho, la parte dorsal de la región prefrontal media y su conjunto (incluido el anterior cingulado) forma un cuello de botella, región donde los sistemas afectados con los procesos de la emoción, atención y la memoria de trabajo, interactúan (Damasio, 1994).
Los pacientes con lesiones bilaterales de la región sufren de aquinesia, mutismo, en la que el paciente deja de reaccionar a estímulos externos; los movimientos se vuelven muy limitados, y las expresiones faciales están prácticamente ausentes, sin señales de emoción y sentimiento (Damasio, 1994; McPherson y Cummings, 2002). Del mismo modo, en el polo temporal, región donde se superponen los sistemas que participan en la recuperación de la memoria, también está afectada. Los pacientes con estas lesiones tienen dificultades en recuperar recuerdos de entidades únicas (Damasio et al., 1996).
Una pregunta similar se puede hacer con respecto a la actividad observada en la zona lateral izquierda de la corteza orbitofrontal (BA 47 y 10), que se ha demostrado que es la que interviene en las expresiones de ira. Esta región también está implicada en mecanismos de control de los impulsos o inhibición de la respuesta (Rahman et al., 2001). Existen varios mecanismos de control de los impulsos, que pueden interferir en distintas tareas y que están vinculados a las diferentes regiones prefrontales (Bechara et al., 2002).
Algunos investigadores describen estos mecanismos como inhibidores y de control de las funciones de acción social, como el tratamiento de datos, resultantes del procesamiento de contenidos de la memoria de trabajo. Es importante señalar que aunque todos estos mecanismos están relacionados entre sí, la toma de decisiones resulta de la síntesis entre los datos resultantes del procesamiento de la memoria de trabajo y de los mecanismos de control de los impulsos, tanto cognitiva como anatómicamente (Bechara et al., 2002).
A pesar de su conocido papel en la emoción y el comportamiento social (Adolphs et al., 1994), la actividad no se observó en la amígdala, lo que es coherente con estudios que muestran el fracaso de la activación de la amígdala en condiciones similares; es decir, cuando la emoción es provocada por “imágenes mentales” (Damasio et al.2000).
Por lo tanto, la transformación de la conducta y las transgresiones de las normas sociales son resultado de afecciones en los sistemas neurales implicados en la Teoría de la Mente y en el sistema neuronal, lo que, inevitablemente, lleva a la confusión y a la mala comprensión de la conducta social, resultando que podemos hablar de una neurología de la cognición social.
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- Published:
- 06.11.09 / 3pm
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